En
el año 1932 viaja a la Argentina, contratado
por cinco años, el Dr. Helmut Cabjolsky. Lo
acompañaban su señora esposa Sra. Hedwig Behrend
de Cabjolsky, sus hijos Helmut y Klaus de 13
y 11 años respectivamente, su ama de llaves
Sra. Liesbeth Mehnert y su esposo Kurt Mehnert.
Durante su estadía en la Argentina y añorando
sus paisajes natales de montañas e insatisfecho
con los conocidos lugares donde poder tomarse
sus merecidos descansos anuales, logra comprar
(corría el año 1934) en las serranías de Córdoba
un campo de aproximadamente 500 has. el cual
contenía como punto de referencia el catastralmente
denominado CERRO CUMBRECITA con una altura de
1450 msnm. El poblado más cercano, Los Reartes,
originalmente posta para cambios de caballos
del camino real, distaba del campo adquirido
solamente 12 km. en linea recta, los cuales
una vez construida la primera huella se transformaron
en 27 km. a recorrer. El próximo asentamiento
distaba a otros 11 km., la entonces denominada
estancia El Sauce, que con el correr de los
años se transformó en la actual Villa General
Belgrano. Todo tipo de provisión de materiales,
comestibles, etc. se realizaban obligadamente
desde la ciudad de Alta Gracia. En los primeros
años el paisaje reinante era agreste, sin árboles,
típico de las serranías cordobesas. Dos cuñados
del Dr. Cabjolsky, F. y E. Behrend, llegados
de Europa, viviendo en carpas, se dedicaron
a desarrollar un vivero local, al cercado de
una parte del campo para evitar que los animales
destruyeran las plantas y al trazado de una
huella de acceso a la zona desde Los Reartes.
La primera edificación, realizada en adobes
de barro, fue iniciada en el año 1935. Originalmente
pensada como casa de veraneo, muy pronto se
transformó en albergue para poder alojar a los
amigos de la familia Cabjolsky. El próximo paso,
dado el creciente interés, la misma comenzó
a funcionar como una pequeña hostería familiar
(en la actualidad Hotel La Cumbrecita) la cual
finalmente fue adquirida por el Sr. Reynaldo
Schefski y Sra. quienes habían llegado al lugar,
interesados por la familia Cabjolsky, con la
idea de dedicarse a la cría de ganado. Mientras
tanto, la Sra. Liesbeth Mehnert y su esposo
continuaron al lado de la familia Cabjolsky
durante los primeros años, dedicándose luego,
a la confección de masas y tortas, (Confitería
Liesbeth). El loteo original, el trazado de
las calles y las primeras edificaciones fueron
encaradas por el Ing. Helmut F. Cabjolsky, hijo
mayor de la familia, sin olvidar de mencionar
a las primeras familias que se establecieron
y compartieron la ardua tarea de transformar
a LA CUMBRECITA en este pequeño paraíso: Valenta,
Knöepfli, Fleckenstein, Anz, Zechner, Schöeller,
Mayer, etc. y a los lugareños de la zona Giménez,
López, Molina, etc. La divulgación del encanto
y belleza del lugar, en un principio no fue
intencional sino más bien circunstancial y de
boca en boca, ya que nunca se había pensado
en la posibilidad de que LA CUMBRECITA podría
transformarse en un polo de atracción turística.
Hoy en día no solo ha logrado esta transformación,
sino que conforma uno de los lugares más importantes,
exclusivos y selectos, en este sentido, del
País recibiendo incluso turismo internacional. |